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La participación ciudadana en mitad de la desafección hacia el sistema democrático

Necesidad de habituar al ciudadano a ser partícipe del proceso de administración de lo público.

Los efectos de la prolongada crisis económica han empujado al conjunto de la ciudadanía a estrechar el cerco sobre las instituciones y partidos políticos. Tras más de una legislatura sumergida en un proceso de involución político-económica que ha acabado por afectar el bienestar de casi la totalidad de las capas sociales, se han sucedido los actos de exteriorización y manifestación pública de este descontento en forma de concentraciones multitudinarias e incluso de organización ciudadana en forma de partidos, como es el caso de Podemos, con el objetivo de acceder a las tan cuestionadas instituciones. ¿Pero qué es exactamente lo que demanda el ciudadano? ¿Capacidad censora, mayor justicia social, potestad para tomar parte en las decisiones de carácter público?

Los ratios de abstención registrados en recientes procesos electorales constituyen el primer indicador de esta erosión ciudadana con respecto al sistema de democracia representativa, unas cifras que se han ido agudizando de manera cíclica en el transcurso de los años, rebasando ampliamente el tercio del total de la población en los últimos comicios.

“Un tasa de abstención del 35-40% es la que se produjo en las últimas generales da qué pensar también sobre  lo que el proceso y el sistema debería reflexionar en términos de adscripción hacia la ciudadanía. que el hecho de que sea normal y se haya mantenido no significa  que no tenga que hacer reflexionar hacia mayores cotas de participación ciudadana.” valora el politólogo y docente en la Universidad de Deusto Felix Arrieta.eurocamara

Sin embargo, estas cifras no han suscitado la necesidad de realizar ninguna reflexión en uno de los actores principales de la llamada vieja política, como es el Partido Popular. En palabras del popular vasco Fernando Lecumberri, la abstención “Es un tema que está sobredimensionado. Dicho esto un 36% y un 32% no está bien, a nosotros nos gustaría que votara todo el mundo porque somos de los que pensamos que tienes un derecho más consolidado a quejarte si participas en el proceso, que quedándote fuera o no implicarte y no verlo. Ahora está más palpable todavía la desafección que hay  del ciudadano con la política en general, los partidos en particular […] Pero bueno no son unas cifras realmente alarmantes.” Una formación política de reciente desembarco en las instituciones como es EH Bildu valora el actual nivel de abstención como un indicador claro de que “Por el nivel de abstención que hay, por la afinidad o afectividad que hay hacia la clase política, es absolutamente insuficiente el ámbito de la democracia representativa”.

Conviene entonces retrotraerse y ahondar en las bases de la democracia representativa. Al contrato social que se establece entre representantes -la clase política que ocupa el parlamento- y representados -el conjunto de la ciudadanía que, elecciones mediante, legitima ese mapa parlamentario y las decisiones referentes a la gestión de lo público que se toman en él-. El ciudadano delega un amalgama de poderes y derechos para que, en contraprestación, esa minoría que compone la clase política tome las decisiones que mayor beneficio le pueden reportar al conjunto de sus representados. Pero, ¿Y si esto solo trae pérdida del poder adquisitivo, aumento del índice de pobreza y desmantelamiento del sistema de ayudas sociales? lo que le lleva a cuestionar la efectividad del sistema y a adoptar una postura más fiscalizadora con respecto a la clase política.

Aquí si se produce un encuentro de posturas de las tres partes. Arrieta y Lecumberri, de la misma manera que anteriormente Jaka, convienen en diagnosticar esta desafección popular contra el sistema representativo y la clase política.

“El ciudadano está quejándose de otra cosa que es la esencia del propio sistema, la democracia , la representación parlamentaria, bueno una democracia representativa. Que yo, que él, que el alcalde, que el presidente del gobierno, que los diputados, los senadores no han sido capaces de encontrar fórmulas que solucionen sus problemas. Entonces, tú confías en un médico porque vas con una dolencia y te la cura.” Admite el teniente alcalde de Ermua.

“No sé hasta qué punto la crisis del sistema político se corresponde a una petición de más participación o se corresponde simplemente a un hastío con los partidos políticos tradicionales y a una querencia e cambio en el mapa” explica por su parte el politólogo.

Los entrevistados:

fernando lecumberri                     M1                          felix

Fernando Lecumberri                                Axier Jaka                                               Félix Arrieta

La participación ciudadana en la coyun tura

En mitad de este contexto de transición en el que, como comentamos, el despertar ciudadano y su rol en el juego político absorben gran parte de las reflexiones y cuestionamientos, emerge la participación ciudadana como posible vía hacia la catarsis dentro del sistema de democracia representativa. Partiendo del axioma democrático de que cuantas más personas intervengan en la toma de una determinada decisión pública, más representativa va a ser esta y, por tanto, más democrática y justa, la implantación de esta cultura integradora pasa por dos imprescindibles:

Primero, la apertura de procesos de deliberación y decisión al margen de elecciones. Es decir; que, como reclama Felix Arrieta, “podamos como ciudadanía  organizar nuestros colectivos y nuestras decisiones en base a espacios que las propias administraciones abran y que sean los representantes lo que faciliten también que la ciudadanía de manera directa pueda ejercer su papel en esas decisiones”.  Y segundo, una labor pedagógica para con el ciudadano para hacer de la participación en la política una práctica habitual. Y es que, como señala el concejal donostiarra Jaka, “normalmente la gente, quiere participar cuando un problema se ha hecho presente en su vida pública con un carácter imperante. No participa por participar, como una conducta habitual.”. Del mismo modo, y a pesar de encontrarse en una línea ideológica contrapuesta, Lecumberri matiza los deseos de participación de manifiesto en la sociedad como contextuales:“La gente participa y hemos solucionado. No; porque, para que esto fuera así el ciudadano debería de ser sumamente constante, y entonces sí que se crea ahí más feed-back, pero es que esto va por impulsos”.

Culturización política de la sociedad

La vertiente participativa del modelo de democracia representativa necesita, por tanto, de ciudadanos como agentes activos del juego democrático y no como espectadores del mismo y examinadores cuatrienalmente, perfil al que se asemeja más el prototipo de ciudadano común a día de hoy.  Impera la necesidad de que éste interiorice los beneficios que la expansión del aparato participativo proporciona en términos de libertad e igualdad, los dos principales valores democráticos; y, en suma, de autodeterminación, de tener la posibilidad de decidir sobre el futuro inmediato y los asuntos que afectan a uno. “Es necesario desde todos los ámbitos de la votaciónsociedad eduquemos para la participación, y concienciemos de que la recogida de basuras, transporte público, cualquier cosa, también nos implica y tenemos una decisión que hacer. Pero eso no puede suceder si primero no tenemos información y no nos educan en la codecisión y en la participación.” advierte Felix Arrieta. El concejal abertzale, por su parte, realiza la siguiente distinción entre ambos perfiles, valorándolos en el contexto de la ciudad de San Sebastián: “Hay dos perfiles de ciudadano. Y dos perfiles de relación administración- ciudadanía: De carácter constructivo, que es el tipo de relación por la que trabajamos nosotros. Hablamos de una ciudadanía con una conciencia política  con una conciencia de ser parte de una colectividad y que tiene que aportar y trabajar por esa colectividad y luego hay otro tipo de relación que es el ciudadano paga impuestos y lo único que percibe es, de parte de la administración una relación de prestación de servicios. Es decir, es un consumidor de servicios públicos.”

Ambos coinciden en señalar a la vieja política, es decir desde los ideólogos de la Transición hasta las actuales instituciones políticas, como principales responsables del problema. A quien Jaka acusa de “desculturalizar políticamente  a la sociedad”. El politólogo y docente en la Universidad de Deusto alude a una falta de consenso en el modelo educativo. “En los 37 años de democracia ha habido 6 leyes educativas en este país. Que haya habido 6 leyes significa que no ha habido un consenso del modelo educativo que queremos. Si no existe tal consenso  al final pasa que cada generación ha vivido un modelo distinto”

Empezar desde el barrio

El participativo es un modelo de democracia representativa o tipo de cultura política cuya introducción y expansión a lo largo de la totalidad de capas y niveles sociales donde el trabajo debe comenzar a realizarse en una escala bottom-top. Es decir, desde la dimensión más local hacia arriba. Y es que, por un lado, la apertura de procesos participativos a nivel barrio o municipio entrama menor complejidad para su articulación al ser su magnitud mucho menor y, por el otro, la posibilidades para incidir sobre asuntos que afectan al ciudadano (como puede ser la construcción de una carretera o el traslado de una estación de autobús) que el ciudadano ostenta son muchos mayores.

Sin embargo, cuando acudimos a las instituciones políticas en busca de su perspectiva con respecto a la apertura de de procesos de codecisión para el ciudadano en su ámbito más próximo, encontramos disparidad de concepciones en lo que a la participación ciudadana a nivel local se refiere.   bildu hari gara

Fernando Lecumberri habla de la participación como algo indisociable de la transparencia y, a su vez, el camino hacia la recuperación de la ejemplaridad  y el prestigio de la clase política: “La gente está contenta sobre todo cuando actúas con mucha transparencia. Porque participación y transparencia es que van solapados, es lo mismo.”

Este es el tercer año consecutivo que el ayuntamiento de Ermua desarrolla un plan de presupuestos participativos, en el que habitantes del municipio vizcaíno y el propio ayuntamiento eligen conjuntamente en un acto celebrado en el cine las tres principales líneas estratégicas que se van a atacar durante el ejercicio. Al final del mismo, el ejecutivo rinde cuentas y muestra el estado de los planes de actuación y el dinero invertido en los mismos.

Por su parte, hablar de EH Bildu Donostia es hablar de una de las formaciones políticas de la Comunidad Autónoma Vasca que mayor proactividad están mostrando en lo que a participación ciudadana respecta.

“Nosotros estamos poniendo otra  manera de hacer normas, que es que las normas las haga la ciudadanía, quien luego será quien las cumplirá. Por eso ponemos procesos ciudadanos en marcha de abajo arriba que son la ciudadanía quienes empieza a hacer las normas y luego nosotros le damos el acabado final.” comenta Axier Jaka, concejal en Participación y Medio Ambiente. En la jóven formación existe una firme convicción en que  tanto el ejercicio a nivel local de democracia deliberativa (asociaciones, asambleas para hacer presión y que se les escuche) como la democracia directa (consultas municipales para que el ciudadano decida) es el camino hacia un modelo más democrático y justo. El mayor ejemplo es la reciente aprobación de una propuesta de reglamento de consultas ciudadanas elaborado conjuntamente con la ciudadanía.

“Mediante la práctica que es ir a votar, ir a participar, poco a poco  irá inculcándose esta cultura, se va a normalizar, se va a cada vez generalizar más. […] hay colectivos y asociaciones que son muy vanguardistas desde el punto de vista político y tiran y tiran para democratizar cada vez más su municipio, comunidad, etc. así iremos creando prácticas políticas  y se va a ir cambiando la cultura política. “ afirma Jaka.

reportaje en formato revista

Grupo 12

Alfredo González

Miriam Torres

Borja Mora

Oscar Guezuraga